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El diario de mayor circulación del Ecuador

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    Con resignación Luis Tituaña sostenía el retrato de su hija Soledad.
    Ayer en la mañana, él junto a su esposa María Toapanta le dieron el último adiós, luego de que la religiosa, de 44 años, falleciera por las quemaduras ocasionadas en una deflagración, el pasado 11 de mayo en Calceta, Manabí.
    Durante el velorio, las hermanas de la congregación de Las Mercedarias, a la que Soledad pertenecía, hicieron un círculo alrededor de su ataúd para entonar una melodía de despedida.
    Susana Tituaña, hermana de la religiosa, ofreció unas palabras en su honor, que finalizaron con la frase: “¡Pronto nos encontraremos!”.
    Algunas alumnas también asistieron a despedir a la religiosa, quien se desempeñó como docente y rectora de algunas instituciones de la orden. “Era muy alegre. Con ella fuimos a varias misiones de pastoral. La última vez que la vi  fue cuando vino el papa Francisco. Ella estaba feliz”, recordó Verónica Montenegro, exestudiante del colegio Nuestra Madre de la Merced,  donde se llevó a cabo el funeral.
    El llamado
    La vocación religiosa se presentó muy temprano en la vida de ‘Sole’,  como la llamaban sus allegados.

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    Las fotos me llegaron por Whatsapp cinco días después del terremoto. Cuando todo empezaba a calmarse, aquellas paredes cuarteadas y escombros, que veía a través de la pantalla de mi celular, sacudieron mi corazón tan o más fuerte que el sismo de 7,8 grados de magnitud que lastimó a la tierra donde “vi la luz primera”, como dice el pasillo de mi amada Manabí.
    La cama donde los seres que más amo dormían -Mercedes Briones, mi mamá, y Freddy Robles, mi papá- estaba cubierta del cemento y los ladrillos que formaron la casa que soportó mis travesuras de niña, mis berrinches de adolescente y mis sueños de juventud.
    Sabía que no volvería a aquel lugar en el que decidí ser periodista. El sacudón tumbó los muros añejos del que fue primero el hogar de mis abuelos paternos y en el cual mis papás celebraron su boda hace 29 años.
    En cuanto la tierra se empezó a mover, y a pesar de que me encontraba a más de 185 kilómetros de Portoviejo, estaba convencida de que la casita no había resistido. Ese sábado 16 de abril, a las 18:58, sentí la sangre fría recorrer mis venas y desembocar frenética en mi corazón acelerado. Los minutos sin señal de celular pasaban eternos, mientras rogaba en silencio que mi familia estuviera bien.
    Estaba trabajando en la redacción de Diario EXTRA en Guayaquil, en el momento en que empezó la pesadilla. Solo recuerdo que mi respiración agitada por el pánico se calmó cuando escuché las voces llorosas de mis hermanas y de mi mamá, diciéndome que estaban bien, pero que las paredes de nuestro hogar habían caído, al igual que la mayoría de estructuras del centro de Portoviejo.

    La cobertura más difícil
    El eje económico de la capital manabita era solo una masa inservible de hierros retorcidos y concreto pulverizado. También era un camposanto, pero hasta ese instante no lo sabía o no lo quería creer.
    “Estamos bien”, fueron las palabras mágicas que me sacaron del letargo para que la responsabilidad periodística tomara el lugar del dolor. Tenía que ir a Manabí a retratar la catástrofe, pero ignoraba la magnitud del desastre. Solo me dejé llevar por el hilo frágil que separa el amor por mi familia y la pasión por esta profesión.
    Aún secaba mis lágrimas cuando me subí en un carro con dirección a mi Portoviejo. Tres horas después, solo el letrero que está en la entrada a la ciudad, y que da la bienvenida a “Portoviejo, rock city”, me aseguraba que aquellas calles repletas de pedazos de concreto, vidrios, madera, cables destrozados, postes caídos y escombros que ocultaban a más de un centenar de cadáveres, eran las del cantón que huele y sabe a mango y a tamarindo, y al que amaba ir de visita cada 15 días.  
    Era como una película de horror. No lo creía, a pesar de que desde las 03:00 del domingo recorrí casi todo el centro de la ciudad, me paré frente a cada edificio caído, tuve cerca a dos cuerpos destrozados y encendí la grabadora junto a familias enteras que poblaban las calles oscuras, llorando del terror.
    En un pestañeo se hicieron las 06:00 y los primeros rayos solares del domingo espantaban a las tinieblas que, en parte, disimulaban la magnitud de la desgracia.
    Tenía que apurarme. Debía escribir lo que había visto, para volver a recorrer, no solo Portoviejo, sino otros cantones devastados por el sismo. Fui a la casa de mi hermana Adriana, donde se resguardaban mis padres.
    La sonrisa de mi mamá, cuando me vio, alejó las sombras. Las palabras se atoraron en la garganta cuando me preguntó qué había pasado y me limité a decirle que todo iba a estar bien y que tenía que escribir y enviar notas al periódico. “Luego hablamos”, le dije, sin imaginar que ese “luego” sería cuatro días después.
    Empecé a redactar una crónica que dejé a la mitad porque cuando me di cuenta eran las 07:00 y debía seguir reporteando, ahora con luz.
    Salí apurada y le dije a mi familia que la llamaría, que estaría pendiente. Pero aunque estuvieron en mi mente y en mi corazón a cada segundo, no tuve tiempo de comunicarme y la provincia se volvió una ‘isla’ donde los servicios básicos escaseaban.
    Así empezó el trabajo periodístico más difícil de mi vida. Jamás esta profesión me había dolido tanto. Veía a mi madre en cada mujer que gritaba cuando sacaban a su hijo de los escombros. Aspiraba hondo antes de acercarme a entrevistar a alguien que había perdido su vivienda. Me secaba disimuladamente las lágrimas cuando me decían “perdí la casa que me costó tantos años de trabajo”, porque la misma pena carcomía el corazón de mi padre en ese instante y no estaba a su lado para secarle el rostro.
    Sentía que una lanza me atravesaba el pecho cuando mi celular receptaba algo de señal y me llegaban los mensajes de mi mamá, “Mijita, ¿dónde está?”, “Gelitza, cuídese y no se acerque a esos lugares peligrosos”, “mija respóndame...”. No podía contestar inmediatamente porque cuando tenía Internet o energía eléctrica, estaba ocupada enviando información, cargando mi laptop o hablando con mis compañeros del diario.
    Solo su voz dulce, cuando la llamaba por las noches desde el hotel, me servía de consuelo para apaciguar la pena de ver mi provincia en escombros. “El polvo me ha hecho daño, Mecha”, le mentía para justificar la voz congestionada y que no supiera que estaba llorando.

    Nos levantaremos
    La tarde del miércoles 20 había terminado mi trabajo en Manabí. Fueron más de 90 horas de ver cadáveres de niños, el sudor combinado con las lágrimas de los rescatistas, madres rogando por alimento para sus pequeños, gente acercándose a mí para que le proporcionara información sobre algún pariente fallecido o pedirme un poco de agua.
    Fueron más de 90 horas en el ‘infierno’, que antes del 16 de abril, fue el paraíso más acogedor que he conocido y el que estoy segura, volverá a ser.
    Antes de retornar a Guayaquil, fui donde mi familia a enviar una última crónica, a explicar que regresaría el sábado con comida y, tal vez, con una respuesta para volver a levantar nuestra casa, que escogió un momento perfecto para desmoronarse, cuando no había nadie en ella.
    El día en que nos dijeron que los riñones de mi papá no funcionaban más nos golpearon tan fuerte que fue difícil mantenerse en pie.
    Una sesión de diálisis salvó su vida y la de mi mamá. Una máquina limpiaba su sangre cuando el terremoto llegó sin piedad. En las más de diez fotografías que me enviaron por el chat, cuando estaba en Guayaquil, vi cómo la pared izquierda de la casa había caído sobre la cama en la que ellos soñaban todas las noches.
    El llanto que había contenido durante cuatro días salió como una cascada. Recién estando lejos de Portoviejo entendía lo que había pasado. Los seres que más amo estuvieron a punto de morir. La casa que me llenaba de dicha ya no estaba más, pero entre recoger datos, redactar y enviar noticias sobre el calvario de mis hermanos manabitas, me olvidé del mío, que a fin de cuentas es uno que en el fondo sabe a felicidad.
    Escondido entre los sollozos siempre estuvo el “nos vamos a levantar”, que aparecía de cuando en cuando, para convencerme de lo orgullosa que me siento de ser manabita.
    Tal vez el terremoto nos quitó nuestros hoteles, pero la hospitalidad sigue intacta. Tal vez el terremoto nos quitó nuestros edificios, pero nuestra garra manaba es inalterable. Tal vez el terremoto nos dejó un hueco en el corazón, pero lo vamos a rellenar con el optimismo, la valentía y la fuerza con la que esta tierra manaba alimentó nuestras semillas. Tal vez el terremoto me quitó mi casa, pero jamás me despojará de mi hogar, el más acogedor que existe: mi Portoviejo rock city, mi Manabí de mi ilusión.

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    Aunque sus familiares sabían de sus  “vicios” y presuntos “malos pasos”, no estaban preparados para recibir la noticia del asesinato de Nixon Moreira.
    Su cadáver fue hallado por la policía en un camino de segundo orden del cantón Pedernales, el pasado viernes. El hombre, de 41 años, fue acribillado y quedó tendido junto a su motocicleta.
    El hecho de sangre habría ocurrido en el camino que conduce a Casa Blanca, en la carretera Pedernales-San José de Chamanga. Su cuerpo presentaba seis heridas de bala en el pecho y una en el brazo, según el informe policial.
    En el sistema de la institución, la víctima registra antecedentes penales: dos detenciones por el supuesto delito de robo. Ayer, sus seres queridos esperaban en los exteriores del centro forense de Santo Domingo para retirar su cadáver. Allí fue trasladado para practicarle la autopsia Luego fue llevado a su natal Nalpe, en Manabí, donde está siendo velado.
    Según uno de sus parientes, el fallecido tuvo problemas con las drogas desde su juventud.Por este motivo, ellos sabían que tenía conflictos con la ley, sin embargo, siempre se portó bien con sus allegados.

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  • 05/14/16--11:14: Guillotina o perdón


  • Revancha y venganza. Dos palabras que definen lo que hoy se vivirá en el Monumental del Barcelona. Cada uno de los hinchas ‘amarillos’ tiene una espina dentro de su corazón desde el pasado sábado (por la derrota ante Liga), y no quieren esperar más para sacársela. Aún creen en su equipo, pero depende de lo que suceda hoy en la cancha ‘canaria’ esa confianza puede acabarse y, entonces, rodarán cabezas. En el otro lado, Emelec llega en el ‘tren de la alegría’, y no quiere bajarse bajo ningún concepto. Todo lo contrario, quiere clavarle el último puñal a su archienemigo, y que la guillotina caiga sobre el cuello de Guillermo Almada.
    Los ojos del Ecuador estarán puestos en el estadio ‘torero’. No solo por lo que supone este cotejo de por sí, sino por la importancia clasificatoria que tendrá en el devenir de la primera etapa. Solo una exhibición de los ‘Kitu’ Díaz, Ely Esterilla o Jonatan Álvez calmará los ánimos y devolverá la ilusión a un elenco que ha visto cómo en una semana se le ha caído su plan para salir campeón.

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    La tristeza embargaba a Ramiro Gordón. Sus arrugados ojos empezaron a humedecerse, ya que luego de cuatro años y treinta días daba un paso al costado de la administración del equipo de sus amores. Caminaba por las gradas, las muestras de cariño eran enormes. Ningún hincha de la ‘vieja guardia’ quería dejar de  mostrar su afecto con alguna frase, un obsequio o un simple estrechón de manos.
    Gordón trató de contener las lágrimas, ya que la ‘Caldera del Sur’ estaba de fiesta. “He cumplido con mi equipo y creo que es tiempo de alejarme un poco del club”, expresaba con un ‘nudo en la garganta’.

    Linda fiesta
    La fanaticada del equipo más popular de la ciudad cumplió uno de sus sueños más anhelados por décadas. Tener un estadio totalmente pintado, con torres de iluminación y un marcador electrónico. Tocó derrota para el debut, y aunque hubo enfados, primó una fiesta que comenzó desde temprano. Lógico con la gran obra gestionada por Gordón junto a la alcaldía.
    Vicente Betancourt es uno de los seguidores ‘orientales’ más antiguos del equipo. Con su infaltable corneta, creada por él, estuvo en las alegrías y tristezas de su equipo.
    Pero esta vez era algo diferente y es por eso que su instrumento lo colocó en un carro de madera, el cual también inauguró sus pequeñas luces. “Sigo al equipo desde cuando jugaba en el estadio del Arbolito (1932) y mirar este acontecimiento histórico me llena de mucha satisfacción y emoción”, comentaba este fanático, de 69 años, quien llegó acompañado de su esposa.

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    Hace varios años hubo un mundial de peleas de gallos que se realizó en el excoliseo Granasa de Guayaquil. Ahí se concentraron los más selectos criaderos nacionales e internacionales.
    Esta vez se trasladará para el viernes 20 y sábado 21 de mayo en el coliseo Buijo, ubicado en la vía a Samborondón.
    Patricio Palacios, uno de los experimentados galleros y criaderos del Ecuador, manifestó que este evento lo organiza anualmente la Asociación de Criaderos de Gallos y Exhibición del Ecuador. Y lo hace en diferentes ciudades de Manabí, sin embargo, por el terremoto, se trasladó este megaevento a la vía a Samborondón con el respaldo de la experiencia de Asogallos. “Habrá 50 peleas diarias. Es una auténtica fiesta de las plumas, donde vendrán criaderos no tan solo de las distintas regiones del país, sino de Colombia, Perú, Chile, República Dominicana, entre otros. Además el escenario del Buijo con sus nuevas instalaciones presenta una buena comodidad para este campeonato, que es una tradición en Manabí”, declaró Patricio Palacios, quien desea ganar el jugoso premio de 10.000 dolaritos. (PLV)

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  • 05/14/16--11:23: Incentivan a jugar en Emelec


  • El Club Sport Emelec, en su rama del fútbol, trabaja hace tiempo en fortalecer sus diferentes divisiones formativas. De sus escuelas han salido varias figuras que luego fueron contratadas en el extranjero.
    Sabe muy bien su directiva que es la mejor inversión y la ganancia está en su semilla. Por eso el equipo ‘eléctrico’ no tiene problemas económicos y más bien sus finanzas están fortalecidas.
    Algunos futbolistas profesionales de la actual plantilla emelecista incentivan a la muchachada de diferentes edades para que pertenezcan a las diferentes escuelas, regadas en distintas ciudades del país. Los mejores saltarán al primer equipo y pueden convertirse en profesionales en poco tiempo; y así cambiarles la vida en la parte económica.
    Futbolistas como Esteban Dreer, Fernando Gaibor, Fernando Giménez, Dennis Stracqualursi, Jorge Guagua, Henry León, entre otros, apoyan esta iniciativa para que más ‘pelados’ se pongan la ‘azul’.

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    Luis Enrique no sonríe nunca. Su relación con los medios de comunicación es muy complicada. Las malas palabras, las ironías y los desplantes han sido una constante durante toda la temporada, y aunque ayer celebró el triunfo “de la regularidad”, no faltó su frase de todas las comparecencias.
    “Este el país de las especulaciones, como el Granada estaba salvado se hablará de otras cosas”, comentó, en referencia a los que hablaban de falta de tensión por parte del rival.
    Aun así se le pudo ver más contento que en otras ocasiones, y aprovechó para destacar el buen trabajo de sus jugadores. Ahora “toca celebrarlo” porque “estamos muy contentos por toda la afición”, después de unas últimas semanas muy duras en las que estuvieron cerca de perder toda la ventaja conseguida a lo largo de la temporada.  
    Aun así, el preparador destacó que “hemos estado a un nivel muy alto en todo el campeonato, este torneo prima la regularidad por lo que es un título merecido. Hemos sabido superar los momentos más delicados”.

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    La Pamela Anderson ecuatoriana celebró su cumpleaños con una fiesta a lo grande, a la que asistieron familiares y amigos, pero hubo una particularidad:si alguna invitada era ‘más bonita que ella’ no podía entrar, bromeó la modelo trans.
    Pamela llegó vestida de rosa, con un traje ceñido al cuerpo que hacía resaltar su silueta. También lucía su larga cabellera rubia.
    “Aquí la más bonita soy yo”, comentó entre risas. Y es que en su fiesta ella tenía que ser la protagonista.
    “Ella se preparó con semanas de anticipación para este evento con maquillaje especial y con una rigurosa dieta y ejercicios para estar regia”; comentó Ronald Morales, más conocido como ‘Plastic boy’, que fue ex pareja de la transexual femenina. Él era uno de los organizadores del festejo.
    “En la lista de invitados  estuvieron las personalidades trans: Rudy Arana, Nebraska Ruilova, Éricka Zavala, La Katira, Kenya, Gigi, entre otras”, enumeró Pamela.
    Además acudieron bailarines de los realities y varias chicas trans que llegaron desde Europa solo para estar en el cumpleaños de la Anderson.
    En la fiesta hubo concursos, desfiles y varias sorpresas. El show se extendió hasta las cuatro de la madrugada. “El gran misterio de Pamela es que nadie sabe su edad con certeza”, comentaron sus amigas.

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    Lo que parecía una tierna escena romántica de reconciliación, entre Fabio Agostini y Ámbar Montenegro, participantes de Combate Perú, terminó en un escándalo mediático.
    El también modelo, quien salía con la bella ecuatoriana que llegó hace menos de un mes a ese programa, ‘descubrió’ que ella está casada.
    Su ‘estado civil’ se ‘regó’ por redes sociales hace más de un año, cuando una fotocopia de su cédula salió a la luz, pero según Fabio, ella jamás le comentó su situación.
    El español le dijo “mentirosa, me has engañado, no te lo perdono”.
    El problema surgió cuando Ámbar Montenegro amenazó con regresarse a Ecuador, al descubrir que Agostini coqueteaba con una brasileña en sus redes sociales. Al final el español le pidió disculpas y borró la foto, pero no contaba con que  Ámbar estaba casada. “Yo sí te lo dije”, recalcó la ecuatoriana.
    “Me casé a los 19 y separé a los dos meses, así que estoy soltera”, respondió molesta la ecuatoriana en Combate.

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    Con sus manos esposadas sujetaba una chompa negra con la cual se cubría su rostro. Nancy Coello, de 27 años, fue detenida la madrugada del viernes pasado en la vía a Las Minas, parroquia Tumbaco, de Quito, y trasladada hasta Daule, provincia del Guayas.
    Para las autoridades judiciales, ella es sospechosa del asesinato de su conviviente, José Máximo Sánchez Mero.
    Según el parte policial, el hombre (de 37 años) recibió seis disparos la noche del 13 de abril pasado, en el interior de su casa, ubicada en el recinto Rosa de Oro, sector Tierra o Muerte, del cantón Salitre.
    HABÍA PROBLEMAS
    “Ella actuó en defensa propia, porque este hombre era violento, celoso y cuando llegaba a su casa comenzaban los problemas y el maltrato”, mencionó Argelia, madre de la procesada, a su llegada al juzgado junto a familiares.
    Tras las investigaciones, la policía indicó que al interior del hogar esa noche hubo una discusión entre la pareja, lo que habría desembocado en el crimen.

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    Cuando unos vendedores alistaban sus puestos para ofertar  camisetas, banderines y más objetos relacionados a Emelec y Barcelona, diagonal al estadio Monumental donde hoy se disputará otro Clásico del Astillero, un carro se accidentó al filo del estero Salado y por poco cae al agua.
    El percance ocurrió la mañana de ayer. Mientras unos fanáticos con instrumentos musicales alentaban al club de sus amores, al otro lado de la avenida marginal del Salado los dos ocupantes de un Jeep rojo se pegaron tremendo susto al quedar encunetados.
    Agentes policiales que circulaban por la zona vigilando los alrededores del recinto deportivo acudieron a auxiliar a los accidentados y procuraron remolcar el auto y precautelar su integridad.
    Según el sargento Leonardo Mendoza, el carro se salió de la avenida “aparentemente por un desperfecto mecánico y no hubo heridos”.

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    Boca arriba y con varios cortes de machete quedó una mujer de 61 años, la tarde de ayer, cuando un sujeto la agredió en el recinto Los Laureles, parroquia San Jacinto del Búa, en Santo Domingo, según informó la policía.
    Ángel Albarracín, de 36 años, indicó a los agentes que él realizaba trabajos agrícolas en un predio y la tarde de ayer se trasladó al lugar con la señora Teresa Albarracín Pucha, en una motocicleta.
    El campesino agregó que mientras salía de la finca con la fémina, fueron sorprendidos por un hombre que estaba armado con un machete, quien salió desde la maleza y los atacó.
    La mujer falleció a los pocos minutos por la terrible agresión que sufrió, mientras que él salió corriendo y se puso a buen recaudo.
    Según la presunción de Albarracín, un litigio de tierras entre la víctima y el agresor sería el motivo por el cual ocurrió este crimen.
    Además dijo que por la forma en que fueron atacados por el hombre que estaba armado con un enorme machete, considera que su intención era terminar con la vida de las dos personas que viajaban en la motocicleta.

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    Lo que parecía un juego de adolescentes terminó en desgracia. Aproximadamente a las 16:00 de ayer un chico de 15 años se ahogó en el parque lineal del estero Salado, cerca al puente 5 de Junio.
    Una persona que presenció la tragedia explicó que los tres muchachos jugaban cerca del muelle y que en varias ocasiones una guardia de seguridad se les acercó pidiéndoles que se alejaran porque el lugar era peligroso.
    “Al parecer, la curiosidad de todo muchacho hizo que se acercaran más al afluente. El chico más alto cayó y fue arrastrado por un remolino, que lo hundió”, precisó la señora.
    La mujer dijo que al observar lo que ocurría con los jóvenes, ella y su esposo salieron corriendo para auxiliarlo, pero cuando llegaron el agua ya se lo había ‘tragado’.

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    Un joven, de 19 años, habría sido la ‘manzana de la discordia’ entre dos chicas que se ‘cayeron a golpes’ el pasado jueves. El ‘pito’ fue tal, que las familias de ambas están ‘enfrentadas’ y cada una puso denuncias del hecho en la Fiscalía.
    La pelea ocurrió a las 20:00 en el bloque 15 de Flor de Bastión, en el noroeste de Guayaquil, según los documentos.
    La mamá de una de las jóvenes, que tiene 18 años, explicó que hace dos meses se enteró de la amistad que tenía su hija con el chico, que vive a una cuadra de su casa y estaría comprometido con una adolescente de 15 años.
    La señora contó que ella le prohibió a su hija cualquier tipo de relación con él, pero al parecer ella le hizo caso. “Sin embargo, el acoso del muchacho continuó, él le escribía al Facebook”, aseguró la mujer.
    La madre de familia dijo que hace 15 días un allegado le advirtió a su hija que la mujer de aquel chico le iba a ‘caer a golpes’. Esto le tomó por sorpresa, porque hasta ese entonces pensaban que él era soltero.

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    Su corazón se lo decía. Sabía que su hija estaba bajo los escombros del centro comercial ‘Felipe Navarrete’, de Manta. Y tuvo razón.
    Lo desgarrador es que Antonio Láinez pensaba que Mayra Juliana estaba viva, pero finalmente su cadáver fue hallado ayer mientras maquinaria pesada removía escombros del local ubicado en Tarqui que se desplomó el pasado 16 de abril.
     A las 18:00 de ayer, el cuerpo de una jovencita apareció bajo el concreto del que fue su lugar de trabajo antes de que se cayera durante el terremoto y que no solo le quitó la vida a ella, sino a otras 92 personas.
    El cuerpo de la chica estaba en descomposición, pero aun así Antonio la reconoció y terminó así su búsqueda y sus esperanzas de volverla a abrazar. Otras 33 personas fueron rescatadas vivas después del desastre natural que enlutó al país.
    Mayra estaba desaparecida desde el día del sismo, e incluso por petición del progenitor el pasado 3 de mayo se reanudó la búsqueda de víctimas en dicho centro comercial, pero en ese momento no se encontró a la joven, de 23 años.

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    Una de las metas de Ingrid para este año es internacionalizar su carrera como modelo y ser imagen de diferentes marcas fuera de Colombia. La primera vez que escuchó la palabra ‘mamá’ fue el momento más feliz de su vida. Para Ingrid, no hay nada más importante que sus hijos. Tiene tres, aunque no parezca, y lucha cada día por sacarlos adelante. Su carrera como modelo la ha ayudado en su propósito y ellos están orgullosos de tener una mamá tan guapa. Es caleña y está orgullosa de sus raíces.

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    Las estrellas empiezan a aparecer tímidas después de las 18:30. No hay luz artificial que las difumine. Una hora después, el cielo nocturno del recinto El Relleno, en la parroquia San Isidro, parece espolvoreado de escarcha plateada.
    Esa es la señal para que la familia Loor Dávila recoja carpas, colchones, almohadas y sábanas y huya de lo que, hasta hace un mes, fue su hogar. La noche en la hacienda Campos del norte ‘duele’ y desde el 16 de abril pasado es sinónimo de terror.
    Mónica Loor aún tiene fe de que abrirá los ojos, despertará de la pesadilla que le dejó el terremoto y volverá a ver su finca tapizada del pasto verdoso del que se alimentaba su ganado.
    Pero la realidad atraviesa su alma e inunda sus ojos. De lo que ella describía como 300 hectáreas de un paraíso, solo queda  una masa de tierra irregular y árida. Es una pampa marcada por grietas que parecen venas que brotan a través de la piel reseca.
    No tiene explicación para lo que ocurrió con su propiedad el día del “fin del mundo”, como describe al terremoto. Solo se limita a decir que una energía extraordinaria salió del suelo y lo despedazó. “Era algo increíble. La tierra se hundió y levantó como 25 metros y había abismos por todas partes”, trata de recordar.
    Maquinaria ha aplanado lo que hace 30 días parecía piezas de un rompecabezas en desorden e hizo más fácil el acceso a la hacienda. Mónica y su familia pasan la mañana dentro de la casa que quedó en pie, a pesar de la advertencia de peligro.
    A su hermano mellizo Gonzalo, geólogos que llegaron al lugar los primeros días después del desastre natural, le explicaron que probablemente, bajo su patrimonio familiar exista una falla geológica.
    Estas dos palabras le  hicieron helar la sangre. Gonzalo no solo perdió su casa, pues el terremoto la partió en dos, sino que, de corroborarse la teoría prematura de los expertos, tendrá que abandonar las tierras que fueron de su abuelo y de su padre.
    El geólogo de la Escuela Politécnica del Litoral (Espol), Kervin Chunga, quien recorrió la zona afectada hace tres semanas, tiene una respuesta más clara.
    En El Relleno, y otros sectores, se formó, durante el movimiento telúrico, una grieta de 30 metros de ancho por algunos kilómetros de longitud. Esto provocó que la tierra se asentara y hundiera el terreno, por eso colapsó la hacienda.
    No obstante, afirmó que estudios más específicos que realizarán geólogos de la Espol, confirmarán si es una grieta o una falla geológica.
    Estos análisis se efectuarán a finales de este mes cuando las lluvias cesen, pues “la zona actualmente está húmeda y el terreno muy inestable”.
    Chunga reiteró que habitar no solo la hacienda, sino terrenos aledaños, es un riesgo, pues la tierra “se está acomodando”.
    Así nomás, de un día para otro, Gonzalo debería dejar el lugar donde tenía sus más de 130 cabezas de ganado, pastizales, donde invirtió miles de dólares en plantaciones de plátano, árboles frutales, donde crió a su pequeña hija Zury y donde estaba toda su vida.
    Si la sentencia es cierta, calcula pérdidas de más de un millón y medio de dólares, sumadas a sus recuerdos, sus sueños y la incertidumbre de no tener otro lugar en dónde empezar desde cero.
    La tierra vibra
    Doña Brilda Dávila solo llora. Ella llegó a la hacienda hace 52 años, cuando se casó con Melchor Loor. Que sus hijos estén con vida la consuela un poco. Con la ayuda de Mónica sembró los rosales que aún adornan el patio y se niegan a marchitarse.
    A pesar del desastre que la rodea, la vivienda de caña que no se derrumbó no pierde su encanto, pero apenas pone un pie en el piso, este cimbra y le pone los pelos de punta. La casa central de la hacienda, en la que habitaban ella, su esposo y Mónica, no se desplomó, como la de Gonzalo, “pero las vigas han quedado sentidas”, explicó.
    Tienen prohibido estar allí, porque, según dicen, la tierra tiembla de vez en cuando y el más mínimo movimiento les hace estremecer el corazón del terror. Sin embargo, no se resigna a dejar su hogar.
    Durante el día allí cocinan, se bañan y lavan su ropa, pero alertas a cualquier movimiento. En la noche se albergan en la hacienda Santa Martha, de su vecino Liborio Rivadeneira, quien los acoge para que al menos puedan descansar tranquilos.
    En el mismo lugar tienen las aproximadamente 60 vacas que lograron salvarse de que se las ‘trague la tierra’ y de las 75 restantes, solo quedan los huesos que se pierden en las grietas del corral.
    Los gallinazos reemplazaron a las gallinas, que se paseaban por el lugar apenas se levantaba el olor de la carne de las reses descomponiéndose. Ese hedor mortecino suplió el de la hierba fresca que crecía alrededor del establo, que quedó convertido en una zona de desastre.
    Las carpas azules y escuálidos colchones ahora son lo único que los protege del frío intenso que empieza a correr cuando el sol desciende.
    En sus 73 años, Brilda nunca había dormido a la intemperie. Ahora debe hacerlo en una especie de bodega que le cedió su vecino para que estén más cómodos. “Vivir en un refugio, en unas condiciones que no son las adecuadas, no es lo mismo”, añadió Mónica, quien explicó que en la zona no existen albergues públicos, -a pesar de que hay más familias que perdieron sus viviendas- ni letrinas, e incluso, a un mes del terremoto, no ha llegado la energía eléctrica.
    En la hacienda de don Liborio hay un generador de energía que encienden un par de horas por las noches y así cargan sus celulares y extraen agua para preparar alimentos o beber, pues el líquido que usan para bañarse y lavar la ropa lo obtienen del río Mariano, el cual divide a El Relleno.
    “La vida nos cambió por completo”, dice Gonzalo luego de trepar dos recipientes repletos de agua a su camioneta, para llevarlos a casa y que su familia pueda bañarse antes de dormir.
    Son las 18:30 y es hora de dejar lo que queda de su hogar. Si hay algo que rescata de la pesadilla vivida el mes pasado es que su tragedia los ha unido “como familia”.
    Mónica cierra los ojos y en lo que dura un suspiro trata de recordar lo que era su paraíso. Con la imagen del rojo, rosado y amarillo de sus rosales, en contraste con lo que fue aquella tierra verde de fertilidad, suple a la incertidumbre de saber qué pasará con el lugar donde invirtió más de 15 años de trabajo. Se embarca en la camioneta que la llevará a la Santa Martha, pero su corazón se queda entra las hendiduras que se tragaron a su Jardín del Edén.

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    El paseo fue trágico para dos personas que caminaban por la vereda de la avenida Colón, en el norte de Quito. Al mediodía de ayer, una pareja resultó herida cuando un árbol cayó en ese punto, mientras circulaban.
    El arbusto tenía -aproximadamente- ocho metros de altura y 80 de diámetro, según Christian Rivera, director del Centro de Operaciones de Emergencias Metropolitano (COE).
    El incidente se habría originado debido a un remolino de viento, detalló Rivera, quien puntualizó además que, tras el percance, se inspeccionarán las plantas de la zona para determinar si necesitan mantenimiento.  
    Los afectados, un hombre y una mujer, ambos de 20 años, quedaron atrapados entre las ramas. Entretanto, los ciclistas que circulaban por la zona avisaron a los rescatistas para que apoyaran a las heridos.

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    Su dolor era tan intenso como su decepción. Miguel Laine no soltaba el ataúd de su hija y  repetía que la buscó hasta el último momento. Hasta que la tarde del pasado sábado se  apagó de golpe la esperanza de encontrarla con vida.
    Ha pasado un mes del terremoto, pero el dolor de la familia de Mayra Juliana Laine Carbo se intensificó la mañana de ayer, cuando se resignaron a despedirla para siempre, en su sepelio realizado en el cementerio Parques del Recuerdo, de Manta.
    Don Miguel se cuestionaba el porqué jugaron con sus sentimientos. “Un taxista me aseguró que mi hija fue sacada viva de los escombros la noche del 16 de abril”, comentó el progenitor de la joven, de 23 años, quien falleció sepultada en el centro comercial Felipe Navarrete, de la parroquia Tarqui.
    Durante 28 días, la sospecha de que Mayra podría estar viva alimentó la esperanza del adulto mayor, tanto que pidió que el pasado 4 de mayo se reanudara la búsqueda bajo ese local, donde la chica trabajaba.

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