
Gelitza Robles, Guayaquil
Entre la multitud que copó el parqueadero de Canal Uno la noche del pasado jueves, resaltaba la familia Laborde. Mónica Laborde invirtió 12 dólares en un póster de Benit Blanco, que colocó en la baranda naranja que le impedía acercarse al competidor del reality BLN la competencia.
Esa noche, Benit y sus otros compañeros librarían la final masculina entre los equipos Vengadores y Fantásticos, que compiten en ese show que nació hace aproximadamente tres años junto con el ‘boom’ de los realities que combinan desafíos físicos (baile, canto, juegos, etc.) con la exposición de parte de la vida de los participantes.
Mónica, al igual que las aproximadamente 20 personas, entre mujeres y niños que la acompañaban, ‘idolatran’ a Benit porque -asegura- lo ven como un ejemplo a seguir. Cuando llega el momento de realizar los juegos, la audiencia enloquece. Brincan, agitan los pósters, los niños gritan los nombres de los participantes y las mujeres se comen las uñas.
Blanca Ugarte, directora de programación y producción de TC televisión -que produce Calle 7-, resume este comportamiento: “La audiencia ve a nuestros competidores como superhéroes”.